POSTEOS EN LA CATEROGIA ‘Comentarios Misa Dominical’

13/07/08 - Mt 13, 1-23 - Andrea Fischer

Por Andrea Fischer

apfische@gmail.com

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Mateo 13, 1-23

Muchos piensan que para sembrar sólo se necesita un sembrador, tierra, semillas y agua. Bueno la cosa no es tan simple, cualquier agricultor nos puede contar el largo proceso por el cual toda tierra debe pasar para ser sembrada: el tiempo de descanso, la fertilización, la limpieza, el arado, etc. También existen muchas técnicas de sembrado que sin duda dependen del tipo de tierra, tipo de semilla, de la época del año, del propósito de la plantación, de las condiciones climáticas, entre otras.

Asimismo como las tierras nuestros corazones son diversos en características, y por lo mismo necesitan tener libertad para escoger los tratamientos, semillas y riegos específicos que se requieran. Quienes no hacen uso de su poder de elección para preparar sus tierras, suelen ser los que esperan pasivamente que sus corazones se transformen mágicamente en tierras buenas y fértiles. Quizás esperan cómodamente que el sembrador prepare la tierra por ellos, sin darse cuenta que desde nuestro bautismo el Sembrador ya tiene la tierra dispuesta a ser sembrada y que el trabajo ahora nos corresponde. Quién mejor que nosotros mismos sabemos las falencias y debilidades de nuestros territorios, quién más que nosotros sabemos en qué parte hay que limpiar el terreno de piedras y espinas, quién más que nosotros mismos debemos saber buscar las herramientas necesarias para que podamos prepararnos para que Jesús pueda sembrar libremente en cada uno de nosotros. Unos necesitarán rezar, otros cantar, otros caminar, otros comulgar, otros misionar, otros leer, otros silencio, otros conversar, otros meditar, otros trabajar… ¿y tú qué necesitas?

…Llegó la hora de dar frutos, no importa si cien, sesenta o treinta, sólo importa que demos nuestro máximo, pues el Sembrador ya esparció las semillas hace miles de años, está en nosotros que ésta no se extinga.

22/06/08 - Mt 10, 26-33 - ¡No tenemos miedo! - Pablo Romero sj

Por Pablo Romero sj

promerosj@gmail.com

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Mateo 10, 26-33

“¡No- tenemos- miedo!”

Cuentan que fue en 1978. Catedral de Santiago. Al Cardenal Silva Henríquez, en los peores años de la dictadura, se le ocurrió organizar un Simposio Internacional de Derechos humanos. Insólito atrevimiento para la época.

Exponía el Cardenal Arzobispo de Sao Paulo, Paulo Evaristo Arns, gran promotor y defensor de los pobres. En un momento de su exposición una persona se le acerca, lo interrumpe y al oído le advierte que se han dado cuenta de la presencia de agentes de inteligencia en medio de la gente. El Cardenal Arns se queda un momento en silencio y luego le cuenta a la asamblea reunida que le acaban de avisar de la presencia de gente de la CNI.

Luego del murmullo y en medio de la inquietud el Pastor dice que se tomen todos de la mano. “Con firmeza”, dice. “Todos de la mano… Y ahora repitan conmigo lentamente: No- tenemos- miedo… No- tenemos- miedo”. “Más fuerte”, pide Don Paulo: “¡No- tenemos -miedo! ¡No- tenemos- miedo!”. “Más firme, con fe: ¡No- tenemos- miedo!”.

Cuentan que muchos entendieron el evangelio esa tarde. Sobraron las palabras de ahí en adelante. El cristianismo había entregado una buena noticia a ese millar de gente reunida en pleno centro de Santiago.

“No teman a los hombres”, dijo Jesús a sus apóstoles. “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”, precisó. “No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros y ni uno solo de ellos cae en tierra sin el consentimiento de nuestro Padre”.

¿Qué podríamos decir hoy? ¿Frente a qué o quiénes debiéramos tomarnos de las manos con firmeza y proclamar lo que Jesús y Don Paulo nos enseñan? ¿Dónde nos debiéramos reunir para ello?

No sé si hayan perseguidores tan claros como hace años (¡o ahora sí que están fondeados!). Pero de que los hay los hay. Sino cómo explicar los grados de angustias y depresiones actuales entre nosotros. Cómo explicar que hagamos lo que no queremos hacer y no hagamos lo que queremos. ¿A qué o quiénes tememos?

Parece que tenemos que partir por desnudar a esos “agente de inteligencia” que siguen presentes en nuestra sociedad y que bien introyectados están dentro de nosotros. Para después lo que hemos escuchado lo proclamemos “desde lo alto de las casas”: “No- tenemos- miedo”.