POSTEOS EN LA CATEROGIA ‘Comentarios Misa Dominical’

15/06/08 - Mt 9, 36-38. 10,1-8 - Rodrigo Díaz

Por Rodrigo Díaz

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Mateo 9,36-38.10,1-8.

Es curioso que Jesús les diga a sus discipulos que sólo se dirijan a anunciar el Reino de Dios a Israel y que no vayan a otros pueblos sino sólo en búsqueda de las ovejas perdidas de Israel. Es curioso porque la salvación es universal y no excluye a nadie; Cristo vivió y murió por toda la humanidad y no sólo por Israel.

¿Qué sentido pueden tener entonces estas palabras de Jesús?

Un primer sentido se refiere a la fidelidad de la Alianza entre el Señor e Israel. Dios elige a pueblo para mostrarle al mundo a través de su relación, su infinito amor. Es en ese pueblo donde Dios se hará hombre; hay un cariño particular y por lo tanto una necesidad de comenzar a llevar el Reino desde ahí. Dios así nos muestra cómo deben respetarse los afectos naturales, pues Él no es pura razón y voluntad, sino que también es afecto y por ese cariño es que comienza desde ahí a mostrarse.

El segundo sentido tiene que ver mucho con el anterior pero relacionado con la ultima frase “lo que habeis recibido gratis, dadlo gratis”. Dios nos llama a mirar con sus ojos todo lo que hemos recibido antes de entregarnos a dar. Pues sólo desde la gratuidad de lo recibido, desde el amor incondicional del Señor, podemos lanzarnos a amar.

No es sólo un mandato el dar gratis lo que hemos recibido gratis, sino que es una mensaje de calma, de paz para nosotros, en que se nos quiere decir que el amor verdadero y duradero debe ser hecho en total libertad y es imposible que se pueda dar sino luego de haber recibido también ese amor en libertad.

Por eso se nos llama a reconocer en nuestra propia realidad (nuestro propio Israel, nuestras propias ovejas perdidas) el amor recibido en libertad, pues este es la fuente del amor a entregar. No podemos vivir abiertos y volcados a amar a los demás si entendemos esto como un deber, sólo podemos permanecer en el amor entendiéndolo como un regalo que recibimos y damos. Es en la maravilla de recibir el amor gratuitamente que nos damos cuenta que debemos dar amor y que ahi somo verdaderamente humanos, en el recibir y dar gratuitamento.

Aqui se hace evidente la necesidad de parar cada día y decir: Gracias Señor por todo lo que me diste hoy, la fuerza de la mañana, la posibilidad de estar con mi familia, el sentido, las palabras que me dijiste al oido, los ojos que me diste para contemplar la belleza, los abrazos y besos que pude dar y recibir; sólo en maravillarnos diariamente de lo que hemos recibido gratuitamente podemos animarnos para dar en libertad.

El Señor quiere ante todo que seamos felices y en último término, ante todo el dolor que podamos sentir, Él nos busca cada día y su amor es la partida y la llegada de nuestro agradecimiento.

De la contemplación del amor recibido, podemos darnos cuenta de nuestro pecado y pedir perdón y luego poder proponernos cómo acercarnos a Jesús el día de mañana y pedirle a Él que nos acompañe y nos indique el camino.

08/06/08 - Mt 9, 9-13

Por Gabriel Roblero sj.

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Mateo 9,9-13

Hoy escuchamos un Evangelio de llamado. Jesús ve a un hombre llamado Mateo y le dice: “Sígueme”. Podemos ver cómo Jesús mira y llama a Mateo, lo conoce, sabe que es cobrador de impuestos. Veamos qué pasa en Mateo, qué pasa en su corazón….. y así veamos cómo este Evangelio también se hace realidad en nosotros ….porque Jesús está pasando también hoy junto a nosotros, y desde el mundo, desde la Iglesia, también nos mira y nos llama.

Algunas ideas entonces que podemos profundizar de este Evangelio. Lo primero: Jesús es quien llama a Mateo, es Él quien tiene el protagonismo. Jesús es quien busca seguidores y personas que le ayuden y sean sus discípulos. Los llama por que los conoce y sabe en qué lo pueden ayudar.

Hoy Jesús sigue pasando en medio nuestro, nos sigue llamando desde el mundo y desde la Iglesia, y espera una respuesta……

Vamos a mencionar algunos llamados fundamentales que Jesús nos está haciendo hoy. Pero antes, es importante caer en la cuenta de otra cosa.

El Evangelio nos dice que ante las palabras de Jesús: “Sígueme”, Mateo se levantó y lo siguió de inmediato. Pareciera que para Mateo el encuentro con Jesús es rápido y decisivo. Pero lo más probable es que Mateo tiene que haber conocido a Jesús de mucho tiempo antes. Lo tiene que haber escuchado y mirado desde hacía mucho tiempo. De hecho, en las líneas anteriores al texto que escuchamos hoy, el Evangelio nos dice. “La multitud quedaba asombrada al verlo (a Jesús)”. Lo más probable es que Jesús había estado muchas veces antes en ese lugar, donde Mateo trabajaba como cobrador de impuestos. Por ahí predicaba y se dirigía a las multitudes. Lo más probable es que sus palabras ya venían haciendo algo hacía mucho tiempo en el corazón de Mateo….como en nosotros, quizás las palabras de Jesús vienen haciendo algo en nosotros hace mucho tiempo. Y es así como viene el encuentro definitivo y la respuesta definitiva a Jesús, cuando Él llama: “Sígueme”.

Otra cosa muy importante: ¿Por qué Mateo lo deja todo, deja su trabajo, y sigue a Jesús? Lo podemos entender por la confianza que Jesús le provoca. Esa confianza la necesitamos también hoy nosotros, para que desde la confianza que Jesús nos da podamos nosotros también seguirlo hoy, en medio del mundo, en medio de lo que vivimos, y desde la Iglesia.

Así como le pasó a Mateo, preguntémonos hoy nosotros. ¿Qué estamos viviendo? Así como Jesús se dirigió al puesto de trabajo de Mateo, hoy viene a nuestro lugar de trabajo y de estudio, y también llama. El Evangelio de hoy termina con una frase de gran potencia, una frase que puede resumir toda la intención de Jesús para transmitir a Dios a la humanidad: “Yo quiero misericordia y no sacrificios“. Esto es lo que Jesús más quiere: que esta frase se haga realidad en nuestra historia, hoy, en el presente en nuestro país.

Cada uno de nosotros puede tener preguntas importantes y fundamentales desde lo que cada uno está viviendo, desde sus estudio, desde su trabajo. Preguntas como: ¿encontraré el trabajo que quiero después de mis estudios?, ¿tendré un buen lugar para vivir?, ¿encontraré el amor pleno y verdadero?, ¿cómo será mi futuro? Estas son preguntas fundamentales para todos, pero pueden quedar vacías y encerrarnos en nosotros mismos si no se viven y si no se preguntan desde el llamado que Jesús nos está haciendo.

Cuando Jesús se acerca hoy a nosotros y nos dice: Sígueme, y cuando dice, “Misericordia quiero y no sacrificios”, lo que quiere Jesús es que construyamos Iglesia, una Iglesia suya que dé testimonio fiel y verdadero de su Misericordia. Si nos dice “Sígueme” es para que el primer testimonio que demos de Él, desde nuestra vida, sea de alegría y del gozo que nos causa ser cristianos. Porque del gozo y la alegría de ser seguidores de Jesús nace el testimonio fiel, verdadero y consistente, que nada puede poner en duda.

Y aquí vienen las llamadas que Jesús nos hace hoy, y que creo que son fundamentales poder responder, como Mateo, poniéndonos de pie, y siguiéndolo. - Un primer llamado: Si hoy aparece en la opinión de tantos hombres y mujeres que la Iglesia está alejada y ausente del mundo; si en las últimas encuestas se dice que los sacerdotes son los que menos tienen credibilidad en la sociedad, es en esta misma realidad que Jesús nos sigue llamando a todos a construir juntos su Iglesia, comenzando primero por dar un testimonio coherente, un testimonio verdadero de fe y vida, que nazca de lo que Jesús provoca en nosotros, y de nada más.

- Un segundo llamado: Jesús hoy nos llama también hoy a construir una sociedad y un país desde el Evangelio. Cuando digamos que nuestro país, para ser un país desarrollado, no le basta con alcanzar un mayor ingreso per cápita, sino que requiere mayor equidad, que al decir esto y al estudiar y trabajar para que esto sea realidad, que lo que esté en lo más profundo de este deseo sea poner en práctica las mismas palabras de Jesús: “Misericordia quiero y no sacrificios“, y que las fuerzas de estas palabras sean lo que nos mueva en nuestros estudios y trabajos.

Jesús no hace juegos de palabras; es claro y directo. Le dice muy claro a Mateo: “Sígueme”. Pidamos con mucha fe, entonces, que venga a nosotros el Espíritu de Dios y que penetre con toda su fuerza nuestra vida, para que podamos responder a la llamada que Jesús nos hace, a cada uno de nosotros: “Sígueme”, y que demos un testimonio fiel y coherente de Él.