Por Juan Cristóbal Pasini sj.
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Mateo 6,24-34.
| Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! No se inquieten entonces, diciendo: ‘¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?’. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción. |
La semana pasada celebramos, como Iglesia, la fiesta de la Santísima Trinidad. Una de las cosas centrales del misterio de la Trinidad es que cada una de las tres personas que la compone tiene una característica particular. Así, el Padre es Padre porque tiene un Hijo; el Hijo es Hijo porque es engendrado por un Padre; el Espíritu es quien permite la relación entre las personas. En este sentido, cuando rezamos no da lo mismo a cuál de las tres personas nos dirigimos.
Lo importante, es que cada una de estas personas, desde su particularidad, colabora en la formación de este Misterio. De esta manera, lo más propio de la Trinidad, es la comunión entre las personas. Si esto es así, no cabe más que acoger, como cristianos, la invitación a vivir la fe en comunión y no de una manera aislada.
El otro, tiene algo que decirme. El otro, me puede hacer más persona. El otro me puede hacer más pleno… me puede constituir como persona.
La invitación de este domingo, es a seguir profundizando en el misterio de la comunión: el pan bajado del cielo sacia el hambre del pueblo en un momento de desesperación. En Jesús se supera esta imagen: el pan es el alimento por el cual Jesús nos enseñó a hacer comunión. Sin embargo, este misterio se hace aún más fuerte cuando caemos en la cuenta que Jesús mismo se hace llamar “Pan vivo bajado del cielo”. Así, Jesús no sólo llama a la comunión, sino también El mismo se hace comunión.
El pan de vida nos da la posibilidad de vivir hoy la plenitud ofrecida por Jesús, porque nos invita precisamente, a vivir en comunión.