Viudas

Por Gonzalo Castro

Nos encontramos ante dos historias con personajes que sorprenden por su generosidad. En la Primera Lectura, la viuda de Sarepta decide entregar su última porción de harina y de aceite para alimentar al profeta Elías, pese a que este gesto implicaba dejar sin comida a ella y a su hijo. En el Evangelio, contemplamos otra viuda “de condición humilde”. Sin dramatismo ni ruido alguno, echa dos monedas de cobre como limosna en el Templo.

Jesús nos enseña a entregarnos, y pone como ejemplo a seguir a los sencillos y humildes de corazón. Nuestro carisma posee esta intuición muy presente, y nos invita a vincularnos con aquellos que son los últimos de nuestra sociedad, y aprender a vivir como ellos. Cuando nos desprendemos de la soberbia y de la búsqueda de retribución por lo que hacemos, entonces es posible entrar en una entrega generosa y sincera de lo que somos, y nos hacemos disponibles a la voluntad de nuestro Señor.

En este sentido, es importante resaltar la radicalidad del llamado de Jesús. No nos podemos conformar con entregar lo que nos sobra, porque el amor al que se nos invita no toma medidas ni resguardos. Vemos que Cristo mismo vivió esta exigencia hasta entregarse en la cruz sin reservas. De la misma forma, las viudas que se nos presentan han entregado todo lo que poseían, sin buscar recompensa alguna.  Los fariseos, que se pasean con largas vestiduras y donan sumas fastuosas en el Templo, no han podido captar esta verdad que se oculta a los sabios.

A veces este llamado a entregarlo todo nos puede resultar ajeno, porque nuestra condición es diferente a la de estas viudas. Ellas vivían en una condición de indigencia, y esa distinción bien podría alejarnos de su testimonio y presentarlo como algo irrealizable para nosotros. Pero Jesús nos invita a entregarnos desde nuestra indigencia, es decir, desde lo que somos. No nos agobia con metas inalcanzables ni queda satisfecho con entregas a medias. San Ignacio nos ayuda a comprender mejor esta entrega en su oración. Toma Señor, y recibe todo lo que somos: nuestra memoria, nuestro entendimiento, y toda nuestra voluntad.

Aprendamos de la viuda a entregar todo nuestro haber y nuestro poseer al Creador, para que de esta forma podamos amar con libertad a nuestros hermanos, y vivir más disponibles al amor de Dios.

Comments

  1. Juan Pablo Rojas said on November 16th at 6:14 am:

    No porque tengamos recursos nos alejamos de la condición de indigencia de las viudas. Si miramos bien, todo lo hemos recibido de Dios; en ese sentido hasta el que más posee tiene condición de indigencia al depender completamente de Dios, no sólo en sentido espiritual, sino también en lo material. ¡Si Dios quiere mañana empobrece!.
    Y Dios nos quiso así, indigentes, necesitados de su gracia, para que seamos como Él, que es el verdadero indigente, ya que pide humildemente como limosna nuestro amor, ya que llama a la puerta para que le abramos.

COMENTA LA NOTICIA

Es muy importante que puedas comentar y aportar a la discusion para comunicar y motivar a mas personas de la comunidad mayor. Para que cada dia seamos mas.

Spam Protection by WP-SpamFree