domingo 15 de noviembre: el fin del mundo se puso de moda
por Gabriel Roblero sj

El fin del mundo como tema está presente entre nosotros durante estos días. La película 2012 (que están dando en este momento en los cines) ha vuelto a traer el tema. La publicidad de esta película está en todas partes: el mundo entero se destruye.
El tema que inspira esta película es el calendario maya, que señala que el último día del mundo es el 22 de diciembre de 2012. La cultura maya predijo que ese día en el fin. Ese día nuestro planeta, La Tierra, el Sol, y el centro de nuestra galaxia se alinearán en un evento astronómico extremadamente raro, el cual fue predicho por los olmecas y los mayas con un par de milenios de anticipación. El porqué de la importancia de este evento astronómico para la religión de los mayas, todavía no se sabe.
A raíz de esta película, muchos me han preguntado estos días qué dice el cristianismo ante el tema del fin del mundo.
Antes de dar una respuesta, quisiera decir lo que puede causar el tema, primero a un nivel existencial. Esta semana, como muchos de ustedes, he estado viendo la publicidad de esta película en distintas partes. El mundo destruido, la imagen de ciudades hundiéndose, el Cristo de Río de Janeiro, la Estatua de la Libertad, en caída libre, y un sinfín de imágenes así. ¿Qué produce esto? Ciertamente esto inquieta, paraliza, nos hace sentir inseguros. Surge desesperanza y la tierra aparece como un lugar sin futuro. En resumen somos remitidos a nosotros mismos y a nuestra propia actitud ante la muerte, a nuestra angustia y a nuestras dudas.
Y ahora entonces, qué dice nuestra fe, que dice la religión cristiana sobre el tema del fin del mundo.
El Evangelio que leímos hoy nos entrega importantes convicciones de fe que tenemos que tener presente a la hora de dar razón de nuestra esperanza. El teólogo español José Antonio Pagola señala cuatro convicciones de fe ante el fin del mundo:
Primera convicción. La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin. El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos para siempre en el Misterio de Dios.
Segunda convicción. Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro tan deseado: El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo NO se quedará sin luz. Será Jesús quien dará la luz para siempre, poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana.
Tercera convicción. Jesús traerá consigo la salvación de Dios. Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El Evangelio evita hablar de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.
Cuarta convicción. Las palabras de Jesús «no pasarán». No perderán su fuerza salvadora. Han de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres y los que sufren. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios.
El mensaje central del Evangelio es este: “En cuanto a ese día y a esa hora, nadie los conoce, nadie, ni los ángeles, ni el mismo Hijo, sólo el Padre”.
¿Cómo vivir como cristianos ante el futuro y hacia el fin de los tiempos? Como hemos dicho el anuncio cristiano del fin de los tiempos es capital, pero no puede separarse de la fe en la persona de Jesucristo. En el mensaje cristiano la fe en la Resurrección de Jesús lo determina todo. El mensaje cristiano no está aferrado al pasado. Está inscrito en el pasado, corresponde al presente y nos abre al futuro. La teología cristiana así lo dice: “Nuestro Dios no está detrás de nosotros: está delante de nosotros, y en la persona de Cristo, viene hacia nosotros”.
De esta manera, la pregunta por el futuro y el fin de los tiempos no tiene que ser para nosotros algo que nos paralice y que provoque una desesperanza. A partir de nuestra fe tenemos que aprender a discernir los signos de los tiempos, a leer la voluntad de Dios en todos los momentos de nuestra vida y a estar vigilantes y creativos para construir el Reino de Dios.
Gracias a la fe en la Resurrección no tenemos que preocuparnos por cuándo vendrá Jesús. Más bien tenemos que preocuparnos por encontrarlo ahora que ya está entre nosotros, vivo, y continuamente viniendo sin cesar.
Por último, quisiera enfatizar que esto es un mensaje de Sabiduría. El mensaje de Jesús en el Evangelio nos llama a aprovechar la vida. Jesús nos llama a aprovechar el tiempo. Para los cristianos el tiempo presente es un tiempo para sembrar, para caminar, para crear. Y ciertamente se acaba, tiene un fin. Pero Jesús nos llama a interpretar y a encontrarle sentido a la vida desde el final, para estimarlo todo desde su valor definitivo, y nos conformarnos con el engaño de lo provisorio.
Nuestra vida cristiana no tiene sentido si es que no se mira desde lo final. Desde lo que tiene valor eterno.
El Padre Hurtado tiene un texto maravillo en que él, al final de su vida escribe sobre lo qué más le hizo aprovechar su vida. Este escrito se llama “Mi muerte cotidiana”. El Padre Hurtado se hacía estas preguntas cada día, al terminar, antes de dormirse. Puede ayudarnos para que nosotros también vivamos así la vida y la aprovechemos al máximo:
- Si me dijeran que al final de este día voy a morir, qué cosas debería haber hecho distinto. ¿Qué me faltó por hacer para ser más feliz?
- Y un paso más. Hacia el futuro, hacia el fin de mi vida. Si me dijeran que mañana voy a morir, qué es lo que necesito con urgencia hacer mañana por Cristo. ¿Qué es aquello que no puedo dejar de hacer?, y así terminar el paso por esta vida feliz.
Amén.






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