Te invitamos a discernir tus Compromisos Temporales ¡Revisa el material aquí!

Descarga aquí la Pauta de Discernimiento Personal de Compromisos Temporales 2017

Desde los Principios Generales de la CVX estamos invitados a hacer compromisos temporales (en la etapa secundaria y jóvenes) y permanentes (en la etapa adulta). Se llaman temporales, porque en la etapa jóvenes estamos en proceso de discernimiento de nuestra “vocación particular dentro de la Iglesia”. En la CVXj valoramos enormemente esta pedagogía del compromiso, porque nos hace hombres y mujeres más libres, capaces de elegir y de manifestar con claridad nuestras opciones de vida.

Comprometernos con Jesucristo en la CVX brota del deseo profundo  de una mayor radicalidad en nuestra vida. Esta radicalidad nos llama a comprometernos públicamente en la comunidad, manifestando delante de los compañeros nuestro deseo de vivir fielmente el estilo de vida CVX. Lo hacemos con otros, ya que el Señor nos invita a contagiarnos unos a otros con su fuego y a crecer como cuerpo enviado en misión hacia las fronteras.

El principal requisito para realizar los Compromisos Temporales consiste en desear vivir fielmente el estilo de vida de la CVX. Este compromiso tiene una duración de 1 año, por lo que cada Consejo de Servicio anima a los miembros de la CVX Jóvenes a renovar sus compromisos año a año.

  • ¿Por qué comprometernos?
    La raíz del compromiso en CVX no está en nosotros mismos sino en Dios. El Señor es el primero en comprometerse permanente y visiblemente, manifestando su alianza en las múltiples liberaciones a lo largo de nuestra historia. La prueba más visible es la Encarnación de Jesucristo, en la que nos muestra que Él nos ha amado primero y que su alianza con nosotros es irrevocable. Se hizo hombre por nosotros, se entregó en cada minuto de su vida y de manera radical en la cruz, y lo sigue haciendo en cada Eucaristía. De Él recibimos un amor gratuito y de esta experiencia surge en nosotros el deseo de responder a este amor. Este deseo es similar al impulso que sentían los enfermos que eran sanados por Jesús: después del milagro salían a gritar por todo el pueblo las maravillas que el Señor había hecho en ellos.
  • ¿Por qué hacer un rito para comprometernos?
    Somos humanos y necesitamos que las experiencias más profundas se expresen a través de nuestro cuerpo, de nuestros sentidos, con la fuerza de nuestra palabra. Nuestra relación con el misterio de Dios se expresa mejor con signos visibles, sacramentales. Somos también seres históricos, situados en el tiempo, viviendo nuestra experiencia espiritual y apostólica en un espacio y momento particular de la historia”. Por otra parte, como hombres y mujeres que somos, necesitamos expresar públicamente nuestro compromiso. Este acto nos ayuda a ser más fieles a lo prometido.
  • ¿Por qué comprometernos en comunidad?
    No vivimos nuestra vocación y misión como individuos aislados. Lo vivimos en comunidad y ante esta comunidad de amigos y compañeros en el Señor, proclamamos que sentimos en y con la Iglesia. La comunidad tiene derecho a ver, oír, sentir y gustar de nuestro compromiso. Esto nos ayuda a vivir con coherencia el estilo de vida en cual deseamos comprometernos.
  • ¿A qué nos comprometemos?
    El “compromiso temporal”, manifestado en la comunidad y asumido por ella, es la expresión por parte del cevequiano -como respuesta generosa a Dios que nos amó primero y no como obligación- de su determinación de buscar la voluntad de Dios. En esta opción, el sujeto hace uso de los medios ignacianos; oferta desinteresada de esta comunidad que lo acoge. El fin del compromiso es acercarnos más a Dios, amarlo en todas las cosas y servirlo en concreto en aquello en lo que particularmente hemos sido llamados.Este compromiso se concreta en tres áreas fundamentales de nuestro estilo de vida CVX. 

    La invitación, entonces, consiste en hacer explícitos nuestros deseos de vivir en profundidad el compromiso con el seguimiento de Jesús, que se hace cuerpo y se nutre en la CVX como carisma particular. Este compromiso nos invita a rezar y discernir la propia misión y vida, para luego ponerla ante la comunidad y al servicio de ésta, dejándonos confrontar, acompañar, ayudar, apoyar e interpelar unos con otros, a la luz de lo que hemos reconocido que el Señor nos regala cada año.